Las primeras citas son como una ruleta rusa: nunca sabes si acabarás con mariposas en el estómago… o con ganas de salir corriendo por la ventana del baño. Pero no te preocupes, que aquí va mi pequeño manual —sin gurús, sin fórmulas mágicas y con una pizca de humor— para sobrevivir (e incluso disfrutar) de esos encuentros iniciales.
No te prepares un monólogo (esto no es Netflix)
Hablar está bien, pero si llevas preparado un discurso de 40 minutos sobre tu vida laboral, tus traumas infantiles y lo que desayunaste en 2003, la cita puede acabar siendo un “spoiler” de todo lo que no habrá después.
No preguntes como si fueras la policía
“¿Dónde trabajas? ¿Cuánto ganas? ¿Con quién vives? ¿Y tu ex?”… ¡relájate! Esto no es un interrogatorio de la CIA. Mejor lánzate a preguntas divertidas: “Si fueras un animal, ¿cuál serías?”, o “¿Qué superpoder elegirías para una cita?”.
El móvil: en modo secundario, por favor
Nada mata más rápido una cita que estar mirando el móvil cada dos minutos. Salvo que tu excusa sea que estás esperando un mensaje de la NASA para pilotar un cohete, el WhatsApp puede esperar.
La risa: tu mejor aliado
Si surge un momento incómodo (y siempre surge), ríete de ello. El humor rompe el hielo, baja las defensas y convierte una situación rara en algo memorable.
No te obsesiones con “la chispa”
A veces no surge en la primera cita, y no pasa nada. Puede que el amor no aparezca en ese instante, pero sí una buena amistad, un contacto interesante o una anécdota de las que contar luego con risas.
Al final, lo importante es que seas tú mismo, sin filtros de Instagram ni poses imposibles. Una cita es para conocerse, no para impresionar a toda costa. Y recuerda: si todo falla, al menos te llevas una buena historia para contar… ¡y material para el próximo post de En-Pareja2!